Publicada su primera parte con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a comienzos de 1605, es una de las obras más destacadas de la literatura española y la literatura universal, y una de las más traducidas. En 1615 aparecería la segunda parte del Quijote de Cervantes con el título de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. En 2011, llegaría la tercera y definitiva parte, bajo el nombre Mis hazañas por el mundo, by Diego Cassady.
El año pasado desapareció mi antiguo teléfono móvil Nokia E72 que Almond Queen recuperó quedando con un taxista en una estación de metro de la periferia madrileña. El hombre intentó ligar con ella ofreciéndole una cita, momento que definió con la palabra pánico. Hoy vuelvo a encontrarme con ese teléfono y con imágenes cuya existencia no conocía. Aquí, una selección.
Natalia Pontaque, en una imagen que yo pensaba pertenecía a las fiestas de San Cemento, con señora levantando un vaso de cerveza detrás en un macrobotellón Erasmus en el Templo de Debod, momentos antes de que Valentina cantara durante largo rato en Plaza de España.
Valentina, musa italiana, vistiendo una batamanta al tiempo que utiliza el foco de una lámpara como micrófono.
Isabel saludando como se haría en Portland mientras Paula Gitana trata de seducirla y yo observo el infinito de un antro en el que no recuerdo haber estado, ni siquiera cuál es.
Almond Queen y yo el día en que Fernando Tejero intentó ligar con Fer y nos invitó a chupitos, en la desaparecida Sala Charada.
Merche, actual habitante de Guadalajara (México), y yo nada más llegar de dos horas de cola del Nasti el día de Carnaval. Acabamos con media cola en Villa Lujo, entre los que destacaban unos simpáticos hombres disfrazados de rana.
Almond Queen y yo la misma noche en la que esperamos en una cola que nunca sirvió para entrar a la discoteca.
Marta Locura desatada en el metro.
Kukur y Misia bebiendo en el SOS 4.8 de 2011 durante el concierto de Vetusta Morla.
Marta Locura y Ana Leal satisfechas.
Ana Leal comiéndose un bocadillo de calamares en una conocida taberna zaragozana.
Yo protagonizando una de mis múltiples hazañas por el mundo: la explosión de una cerveza dentro de una tienda de pakistaníes en mitad de Shoreditch (Londres).
Extraña imagen hallada en mi antiguo celular que, supongo, se corresponde con el hermano de Almond Queen de visita en Rusia.
Almond Queen, aterrada, y yo en las fiestas de Tobarra hace dos años.
Kukur practicando sexo con un coche que encontró aparcado en Tobarra.
Almond Queen y Kukur con Bob Esponja y personas que posan para la foto sin conocerlas.
Kukur posa con un personaje disfrazado de berenjena.
Kukur baila animadamente con un africano vendedor de gafas y sombreros durante la Feria de Albacete 2010.
Misia saborea unas fajitas en un restaurante mejicano próximo a la Plaza de San Ildefonso (Madrid).
Alberto Lozano analiza una obra de arte moderno en un museo de Londres. Verano de 2010.
Bea orina entre dos coches.
Merche, que ha vivido en un año en tres países diferentes, come zanahoria esparcida por la madrileña Plaza de Chueca.
Llegamos a Kaunas el viernes 24 antes de las once de la noche, aunque estaba previsto que el vuelo llegara a las 23.35. No teníamos el bus del aeropuerto a Vilna hasta las 00.15, así que esperamos en el pequeño aeropuerto asombrándonos con los precios de las botellas de alcohol. Ana propuso comprar una de sangría (alrededor de 2€) pero a las 22.00 dejaban de vender alcohol, así que esperamos hasta que la furgoneta (al final resultó no ser un bus) nos recogió.
En los asientos encontramos unas bolsas destinadas a depositar el vómito en caso de náuseas que decidimos reconvertir en gorritos, fundando una nueva religión basada en no tener vergüenza a la hora de portar esta nueva prenda en la cabeza. Tras casi dos horas de viaje, llegamos a Vilna, donde el autobús nos dejó justo enfrente de la estación de tren. Desde allí estuvimos callejeando sin dar con el hostal, hasta que finalmente lo encontramos. Estaba dentro de un edificio al que se accede a través de una gran puerta que lleva a un patio en el que hay varias casas particulares.
El Home Made House es un hostal situado en la calle Rudninku, número 13-5. Lo de 13-5 significa que en la calle tenéis que buscar el primer número, acceder al patio y llamar al número 5 de entre las distintas puertas que encontraréis en él. Sólo tiene 12 camas y está dirigido por Lina Ratkeviciute, una chica majísima. La propietaria nos recomendó al llegar (a las dos de la madrugada) dónde salir y qué hacer esa noche.
Patio en el que se encuentra el hostal.
Fuimos a un restaurante llamado Cozy que recomendaba la Lonely Planet. Podéis ver en su página web dónde está y qué se puede encontrar allí. Sólo con ver los precios se convirtió en nuestro local favorito de Vilna. Sandwiches deliciosos, minihamburguesas y toda una variedad de platos muy bien presentados. Nos llamó la atención la falta de turistas y el hecho de que todos los allí presentes nos observaran sin disimulo como si viniéramos de Marte. Miedo.
Ana pidió un vodka con lima, Alba una caipirinha y Chrístopher y yo medio litro de cerveza cada uno (menos de dos euros cada bebida), también tomamos unos sandwiches de jamón con queso brie fundido y tomatitos asados, acompañado de ensalada. En la puerta de Cozy conocimos a un lituano moderno que nos dijo que intentaba crear un negocio con una empresa de Barcelona centrado en las piezas de repuesto de los coches, pero que los catalanes no querían hacer nada sin que él fuera a hablar en persona. Mostraba un enorme pesar.
Tras la cerveza, tomamos otra más y nos fuimos a Universiteto, una discoteca vacía en la que los camareros bebían más que los clientes. Los chicos sacaban a bailar a las chicas como en la España antigua.
Una rubia estaba calentando a un chico de aspecto ruso bailando como si estuvieran en la cama, pero cuando él trataba de besarla ella apartaba la cara. Toda una prick-tease. Se fue tan digna al final de la noche dejando al pobre hombre excitado.
Entrada de Universiteto, justo enfrente de Cozy.
Huimos del lugar en busca de otros, pero no encontramos nada y volvimos al hostal con nuestras bolsas en la cabeza. Al día siguiente nos despertamos con mucho sol, y Lina nos recomendó pasar el día en Trakai porque la previsión meteorológica para los siguientes días era bastante negativa. Así que nos fuimos para la estación de autobuses y por 57 céntimos de euros (2 litas) ida y vuelta -con carnet de estudiante- nos plantamos en 40 minutos en el pueblo.
Trakai tiene alrededor de 5.400 habitantes y se encuentra a 28 km al oeste de Vilna. El pueblo se encuentra en el Parque Nacional Histórico de Trakai, fundado en 1991 para preservar el lugar como centro acondicionado del Estado lituano. Es el único parque nacional histórico de toda Europa. La ciudad está construida sobre el agua, rodeada de lagos con nombres como Lukos, Galves, Akmenos o Gilusio.
Fuimos a pasar el día para ver su famoso castillo, construido en ladrillo rojo sobre una isla. Sólo se puede acceder a él a través de una pasarela sobre el lago. No recuerdo el precio, pero es más barato con carnet de estudiantes, y hay que pagar unas 4 litas para poder hacer fotos. Al llegar al pueblo, hay que seguir la calle principal hasta vislumbrar el castillo a unos 2 kilómetros desde la estación de autobuses.
Los kibinai típicos de Trakai.
El pan tostado que sirven en todos los bares y restaurantes.
Allí se pueden alquilar barcas para navegar por el lago, pero en el momento de nuestra visita estaba congelado, con lo que era imposible. En la orilla del lago hay un mercadillo donde comprar recuerdos. Dentro del castillo, es posible visitar las diferentes salas convertidas ahora en museo, sus patios y observar también instrumentos de tortura.
Si no se sigue la pasarela hacia el castillo y se continúa por el camino hacia la izquierda, se llega a una zona con restaurantes. El mejor es Kibininé, un lugar en el que comer las kibinai, unas empanadillas muy parecidas a las criollas, rellenas de cordero, bacon, pollo, verduras o lo que tú decidas. También hacen una bebida hecha con pan y un zumo con especias que estaba muy rico. Recomiendo probar el pan de ajo tostado con queso fundido.
Cabina telefónica lituana.
Interior del castillo.
Estampa romántica con castillo de fondo.
Felicidad en Trakai.
Típica foto turística.
Hereje siendo ajusticiado.
Zumos y comida típica en Trakai.
Volvimos de Trakai. Al llegar al hostal, Lina nos explicó que en Lituania no hay buenas cosechas de uva por lo que hacen el vino con frutas del bosque. Abrió una botella y lo probamos en la cocina. Luego fuimos a buscar un sitio donde cenar, lo que se convirtió en una ruta turística en busca de algún lugar abierto, (a pesar de que suelen cocinar hasta altas horas de la madrugada, no dábamos con un sitio donde comer). Acabamos en un Charlie Pizza (que se llama así por Charles Chaplin) y desde allí nos dirigimos a Play. Un bar repleto de hipsters que parecía más un local alquilado por un grupo de amigos que un club al uso. Dos sofás en una esquina, con gente tumbada, ventanas que también servían para sentarse, un futbolín y mucha gente bailando al ritmo de la electrónica del dj. Gin-tonics de medio litro por 9 litas (2'61 euros).
Desde allí llegamos a otro club cuyo nombre no recuerdo, en el que nos dejaron pasar gratis por ser extranjeros. Música muy petarda y bailes locos. Conocimos a un español llamado Patrick, de padre americano y madre española, que ha vivido en 15 países, estudiado la carrera en Nevada y acabado viviendo en Vilna como director de márketing de un hotel de cinco estrellas. Tela.
Al día siguiente despertamos tarde y fuimos a comer a un lugar llamado Fortres Barras (o algo así) donde probamos platos típicos lituanos. Chrístopher probó una sopa de champiñones que sirven dentro de un pan negro. Las camareras eran unas maleducadas y nos devolvieron el resto de la cuenta en monedas de un céntimo que les dejamos allí para que se compraran algo. También he de mencionar a la camarera del Cozy, que era bastante repelente. Parece que en los bares lituanos se trabaja a disgusto.
Chrístopher satisfecho con su sopa.
Después visitamos la catedral con nuestro nuevo amigo Patricio y subimos al castillo, donde empezó a granizar. Un café con tarta de chocolate y vuelta al hostal a descansar un poco. La comilona puso enferma a Alba que se dedicó a vomitar y no pudo cenar víctima de su gula.
A la mañana siguiente, lunes, visitamos la Universidad de Vilna tras comer en un restaurante indio vegetariano muy rico llamado Balti Drambliai. Recomiendo pedir la tarta de manzana casera, ¡deliciosa! Volvimos a hacer fotos en la catedral y después nos dirigimos hacia el barrio de los artistas, llamado Uzupis, que se autoproclamó independiente creando incluso una Constitución con derechos como "Ser feliz", "Llorar", "Cuidar de tu gato y perro y que él cuide de ti", etc. Se supone que el alcalde de la ciudad lo cedió a condición de la rehabilitación de los edificios. Lo cierto es que está que se cae, lleno de botellas rotas, casas que se hunden, etc. No sé si es que no vimos la zona rehabilitada o es que es así todo. Desde el barrio de Uzupis subimos una colina para ver la ciudad y sacar fotos.
Uzupis.
Foto divertida con pies gigantes.
Patio en corrala-style building.
Por la noche fuimos a nuestro restaurante favorito, Cozy, para terminar con buen sabor de boca nuestra estancia en Vilna. Vino nuestro viajero amigo Patricio y nos pusimos a tono con un par de cervezas de medio litro. Desde allí nos fuimos a Piano Man, un sitio que nos recomendó la propietaria del hostal porque "siempre está lleno de gente". Allí tomamos otra cerveza rodeados de invitados al festival de cine de la ciudad, que se celebraba esos días. También estaba allí un periodista lituano llamado Gintaras que resultó ser amigo de Zuzana, una chica también lituana que vive en Lapinkaari. Qué casualidad.
Al salir del bar, empezó a nevar y tomamos sushi por 2 euros en un kiosko de sushi 24 horas. A la mañana siguiente, nos despertamos y fuimos a comer a Cili Pica,pica es pizza. El camarero era muy gay y actuaba como si de un actor de teatro se tratara, dramatizando en cada frase que soltaba. Después de comer, cogimos un bus que nos llevó a Kaunas. Pero eso ya lo contaré en la siguiente actualización.
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Cosas más recientes: ayer llegué a España. Domingo de Ramos y el nuevo alcalde de Hellín gritando a la corporación municipal segundos antes de que sonara el himno de España: "AHORA QUE NADIE SE ATREVA A HABLAR". Como en los viejos tiempos, genial.
El miércoles me largo a la costa, espero que salga el sol y no llueva, aunque me dicen que en Tampere es invierno de nuevo y ha caído una nevada catastrófica con tres calles cortadas y más de un metro de nieve. Echo de menos a todos, pero no a la nieve.
Ayer viernes 30 de marzo fuimos a Miami que es esa discoteca que no me gusta nada pero en la que siempre acabo pasándolo bien. Primero decidí que no salía, pero luego Ana, Alba, Inma, Dori y Pablo se quedaron a beber en Lapinkaari en lugar de ir a City y viendo el jolgorio me animé.
Cosas que pasaron a lo largo de la noche, por orden cronológico:
Ana Mae llegó antes de las 22.00 a mi cuarto más borracha que una cuba. Es inglesa y disfruta bebiendo en soledad. Iba andando en zigzag y se puso de rodillas en mi cuarto pulsando el Next del Chatroulette para encontrar chicos ante los que mostrar sus encantos. Yo pensaba que en cualquier momento se sacaba las tetas, pero no hubo suerte.
Me cambié y empezamos a beber en botellas de Coca-Cola light porque no teníamos vasos y nos daba pereza ir a la cocina a fregar uno. Nos pusimos a cantar en la habitación de Inma con un karaoke del Youtube. Cantábamos La Copa de la Vida de Ricky Martin y, de repente, alguien hizo SHHHH SHHHH. Nos dimos la vuelta tras cantar una parte de la canción que era instrumental (cantándola letra por letra hasta que llegaba el estribillo así: IIIIIIIIIIII NNNNNNNNNNN SSSSSS TTTTT RRRRR UUUUU MMMMM EEEEEE NNNNNNN TTTTTT AAAAAA LLLLLL) y descubrimos que era el hombre de seguridad. Nos pilló en un momento ridículo cantando a gritos. Fue bastante patético.
Salimos y fuimos andando mientras continuábamos bebiendo camino de Miami. Inma y yo hablábamos animadamente contándonos nuestra vida y milagros. Llegamos y empezó nuestra Operación Robo haciéndonos con todas las copas de cerveza y lonkero posibles. Ana Mae cogió una cerveza que era de un catalán, el chico se cabreó más que un mono y el dj de la discoteca le decía que se relajase. Luego, el mismo pinchadiscos le dijo a Ana que la había visto robando la cerveza. Yo me aguantaba la risa delante del catalán mientras Javi Gatito me decía que me callara.
Conocí a la amiga italiana de Serena que estuvo de Erasmus en Barcelona y habla español con un acento muy gracioso. Serena rechazaba a Steven porque lo había visto bailar con otra chica y se puso celosa. Su amiga se quejaba de que en la UB tenía que dar clases en catalán y de que los catalanes eran un poco bordes con ella. Mientras tanto, Ana Mae besaba al fotógrafo del club, que giraba la cabeza a veces para mirarnos relamiéndose al mismo tiempo. Alba también estaba ocupada, pero eso es confidencial.
Unos chicos llevaban un trofeo que habían ganado en un torneo de fútbol sala. La cogí y bailé con ella, luego la llenamos con la bebida de Aino, que es una finesa amiga de Pablo que además iba conmigo a una clase de Mary McDonald, y bebimos de la copa. Luego le dimos vueltas a la parte de arriba y la copa se caía de lado a lado ante el cabreo de los dueños.
Al final de la noche hablé por el micrófono del dj y fue un momento mágico. Cuando cerraron nos fuimos al McDonald's y yo le hablaba a la camarera con mi acento pedante, no me entendió y le empecé a hablar en español como si no supiera hablar en inglés. Ella no se enteraba absolutamente de nada. Luego nos pusimos a comer Pablo, Aino y yo. Muchas risas.
Finalmente cogimos un taxi desde la Railway Station y pasé todo el viaje haciendo este sonido: iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiihhhhhhhhhhhhhhhh. Pablo y el taxista se meaban de la risa. Llegamos a Lapinkaari y empezó a sonar la alarma de incendios. Todo el mundo bajó a la calle, y yo bajé con Dori haciéndonos los dormidos. Tras ello fuimos a la habitación de Inma y estuvimos viendo vídeos de gitanas bailando y caballos galopando. Me quedé dormido con Dori en el colchón del suelo y me he despertado a las 11.30 sin saber por qué estaba ahí. La húngara ya se había ido porque no podía dormir con mis ronquidos (que yo sólo ronco si bebo, he de decir).
* * * * *
Hoy hemos estado en Pyynikintori, en la Torre Nakötörni. Y os preguntaréis...¿qué narices es eso? Pues es una torre hecha de granito rojo traído de las islas Aland situada en lo alto de una colina cuya fama se debe a la elaboración de los munkins, que son una especie de donuts blanditos con especias en la masa. Puedes ir y tomar un café con este dulce en la cafetería de la planta baja, que estaba llena de gente haciendo cola. Nos hemos sentado en una mesa en la que un español muy raro se bebía una bebida extraña junto a su novia finesa. Nos ha contado que vino de Erasmus y se quedó aquí por amor. En realidad es lo único que ha dicho.
Tras tomarnos el munkin hemos subido a la terraza en el ascensor. Unas vistas preciosas de toda la ciudad, los lagos que se están descongelando y el emocionante atardecer nórdico. Una vez abajo, nos hemos tumbado frente al lago en unas rocas, disfrutando de las vistas. No sabía de la existencia de esa zona de Tampere, en la que hay una playita en la que bañarse en verano. Iremos en mayo.
Inma ha visto por fin cumplido su sueño de visitar la pequeña torre.
Lo de ir a Estocolmo surgió de repente. Unos amigos tenían unas entradas para ver a Justice y, finalmente, no estarían en la ciudad, por lo que me las ofrecieron. No sabía qué hacer pues llevaba ya dos semanas de viaje. Diego F.F. me dijo que a él le apetecía, así que nos animamos y pillamos los billetes de ferry. Nada más volver de Bruselas me resfrié y pensé en renunciar al viaje. Al final fui (cómo no) y fue un fin de semana genial.
Esta señora se lo pasó en grande.
Estocolmo me enamoró en octubre y lo ha vuelto a hacer ahora. No sé qué tiene, pero engancha. Esto puede ser lo más cursi del mundo, y me da igual. Es una ciudad genial. Es una capital divertida. Puedes sentarte en un banco a ver a la gente pasar y estar entretenido. Eso en Helsinki no pasa. En la capital de Finlandia la gente no es tan guapa, ni va tan bien vestida, ni tiene esa actitud que los de Estocolmo sí poseen.
Llegamos un viernes por la mañana tras un viaje de una noche en ferry procedentes de Turku. Tuve la oportunidad de ver la antigua capital de Finlandia por primera vez, ya que la anterior fuimos directamente al puerto sin pasar por el centro. No se diferencia mucho de Tampere ni de cualquier otra ciudad de este país. Todas tienen una estructura parecida, con una calle principal con su plaza central y sus R-Kioskis. Sí que es cierto que Turku tiene más pinta de ciudad, con centros comerciales, muchas tiendas y gente caminando por la calle.
Tomamos un café haciendo tiempo para tomar el bus que nos llevaría a la terminal de ferrys. El sitio era muy elegante, muy típica cafetería del barrio de Salamanca llena de rubias pijas teñidas, pero con rubias naturales. No entiendo cómo en este país es imposible encontrar un café bien hecho (con excepción del Café Europa de Tampere). Pero en una cafetería como esa, en la que esperas un café medianamente normal, tenían la jarra con el café color marrón claro para que tú mismo te lo sirvieras. En este país, cada habitante toma al año 11'92 kilos de café. 3'8 tazas de agua de zapatos al día.
Después de cenar en el ferry unas costillas con salsa barbacoa junto con unas alas de pollo acompañadas por patatas, nos pusimos a ver J'ai tué ma mère una película dirigida y protagonizada por Xavier Dolan, procedente de la Canadá francófona. Cuenta la historia de un hijo que tiene una relación de amor-odio con su madre. Me gustó más que Les amours imaginaires, la otra peli dirigida por Dolan.
Una vez en Estocolmo, a las siete de la mañana, teníamos que esperar hasta las once a David, un amigo de Diego Fernández que está allí de Erasmus. Tenía clase, y nada más acabar vino a recogernos al McDonald's en el que pasamos la mañana ya que íbamos con las maletas y no nos apetecía estar paseando con nuestras pintas tras la paliza del ferry. Tuvimos suerte de que él también iba al concierto con una amiga.
Fuimos a comprar una tarjeta con la que usar trenes, buses y metro durante todo el fin de semana. Cuesta unos 21 euros (allí en coronas) y te permite viajar todas las veces que quieras durante 3 días. Yo perdí mi tarjeta esa misma noche con lo que me vi obligado a colarme en todos los transportes.
Tras hacernos con la tarjeta, nos dirigimos al Lidl para comprar provisiones con las que sobrevivir esos días. A Diego se le rompieron las ruedas de la maleta y las dejó tiradas dentro de una cesta de la compra.
Diego F.F. en la cocina de la resi de David.
Fuimos a la universidad de David y flipamos con las instalaciones. Es tan moderna como la nuestra, pero tiene una biblioteca llena de revistas geniales que aquí no tenemos. Así es Suecia.
Comimos, recogimos las entradas de manos de mis adorados amigos suecos y bebimos. Con nosotros estaba una chica iraní llamada Mehrdokht a la cual no llamé por su nombre en ningún momento ya que aún hoy sigo sin conocer su pronunciación. Nos contó la historia de su vida: siempre ha vivido en Suecia, pero sigue viajando cada año a Irán. Nos dijo que cada vez que coge un avión vive situaciones extrañas, como la última vez, cuando tuvo que parar repentinamente en otro país porque no autorizaban el aterrizaje en Estocolmo... Hablamos de las sanciones a Irán por parte de Estados Unidos, de cómo afecta al pueblo y no a los verdaderos culpables de la situación. Y toda la conversación a raíz de un reportaje de esa genialidad de revista que es Monocle publicado en su número de febrero (Pulling the rug: Iran's carpet makers get knotted).
Pensábamos que el concierto era en el Stockholm Globe Arena, pero finalmente fue en un edificio adjunto a éste. Para entrar al recinto había que pasar un control de seguridad, llegando a una zona donde dejar los abrigos desde la que hablamos por teléfono con mi madre (sobre todo habló Diego F.F.). Una vez dentro, nos encontramos con barras en las que vendían bebidas y otro nuevo control en el que enseñar las entradas por segunda vez para poder acceder a la zona más cercana al escenario. Diego no superó ese segundo control debido a su estado etílico y decidió saltar la valla cogiendo carrerilla. El resultado fue que su cuerpo reventó contra el suelo, pero se levantó con total dignidad para luego salir a orinar. En ese momento le perdimos de vista y no volvimos a saber nada de él hasta el final del concierto.
Mientras Diego nos mandaba mensajes al móvil que delataban su borrachera, yo bailaba con David y la iraní de nombre impronunciable. En mitad del concierto fui a pedir una cerveza. Así fue como yo también me perdí y acabé viendo el show yo solo en una esquina. Conseguí encontrarme con Diego, que nos odiaba porque pensaba que le habíamos dejado solo. Estuvimos los dos bailando tan contentos y luego nos fuimos a la calle, donde su furia alcohólica hizo que me pegara un empujón y nos gritara con odio sideral mientras a mí todo me daba igual dada mi felicidad.
Resumen de los mejores mensajes de Diego F.F. al móvil:
vie., 2 mar. 2012, 22.31
I'm with the police. Thanks for having waited for me.
vie., 2 mar. 2012, 22.35
estoy diego y llevo una hora solo llamándoos a todos. Te espero delante d todo.
vie., 2 mar. 2012, 22.39
Diego yo no puedo pasar las barras, me ha pegado la policía y llevo una hora llamándoos.
vie., 2 mar. 2012, 22.41
Vete al banho porfa. Llevo una hora llorando ahí. Tengo sueCia d todo, y sin chaqueta.
vie., 2 mar. 2012, 22.41
Pueds venir a darme el puto ticket de Justice? Llevo vomitándoos media hora y estoy en el puto medio d la pista.
vie., 2 mar. 2012, 22.51
Gracias a los dos.
Como puede observarse estos mensajes no tienen ningún tipo de sentido.
Decidimos ir a una after-party donde iban a estar los de Justice y, tras media hora buscando el sitio en medio de un polígono, lo encontramos y conseguimos colarnos en la fila. Pagamos 17 eurazos por entrar y a los diez minutos nos tuvimos que ir porque Diego estaba muriendo. Se fue solo y fuimos a buscarlo. Por el camino nos encontramos a un sudamericano que buscaba su hotel (?) y a un noruego al que le dije que Oslo está lleno de prostitutas y drogadictos. Me contestó que no conocí el Oslo guay. Tendría razón, supongo.
Encontramos al gallego en el metro, donde también estaban unos franceses muy petardos. Nos dirigimos hacia la residencia de David y llegamos a su habitación tras la prueba de obstáculos que ello suponía. Su resi está a las afueras de Estocolmo, justo en mitad del campo. Para llegar a ella, hay que subir una gran cuesta toda cubierta de hielo, por lo que cuando intentas andar te vas hacia atrás cayéndote continuamente. Yo no me llegué a caer (¡milagro!), pero Diego se cayó varias veces, lo que incrementó el dolor que sentía tras su salto de valla mortal.
Las francesas petardas del metro.
También tengo que mencionar al compañero coreano de David (comparte habitación). Ese hombre de Seúl nos odió un poco porque se sentía incómodo con tres personas más durmiendo en la misma habitación, así que le dijo a su compañero que no quería que se quedara más gente, aunque David ya se había comprometido con otros amigos a dejarles dormir allí. No sé cómo habrá acabado la cosa. Sólo recuerdo la frase del coreano diciendo que el domingo tenía que levantarse a las ocho para ir a misa... Pánico.
RESUMEN FOTOGRÁFICO
Estación de metro muy extraña.
Hamburguesa de McDonald's que no existe en Finlandia y patatas ricas que tampoco existen.
David y yo muy contentos y etílicos.
David accediendo a su resi por la ventana.
Diego espera en la puerta de la residencia como un señor.
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Tengo que decir que escribí todo lo anterior hace casi dos semanas y no he tenido tiempo de continuar las hazañas en Estocolmo porque he estado muy liado con un ensayo titulado The limits and possibilities of transnational journalism: The case of North Korea que, por fin, entregué el viernes pasado.
¿Qué me queda por contar de Estocolmo? La verdad es que hace un mes de todo esto, pero haciendo memoria:
Descubrimos una cafetería muy guay en la que por 40 coronas (4,49 euros) tenías un café y un pastel de entre decenas de posibilidades. Yo escogí un muffin de chocolate enorme que no pude acabarme y se terminó Diego. El lugar estaba en la misma zona donde comimos Augusto, Chris, Alba y yo en nuestra visita a Estocolmo en octubre. Una zona que según Emil es un paraíso hipster y es una pasarela de modelos (metafóricamente) en verano.
Tomando el café con Emil y Love descubrimos que en Pyongyang hay embajadas de países europeos. Vale, yo pensaba que China o Rusia tendrían embajada, pero otros países... Pues resulta que Suecia tiene embajada, y allí se va a ir a trabajar un amigo de los suecos. ¿Os imagináis vivir/ trabajar en Pyongyang? Sería una experiencia muy fuerte... Reino Unido, Suiza, Cuba y muchos otros países tienen embajada en la capital de Corea del Norte. Pánico.
Salimos de fiesta el sábado por la noche a una discoteca cuyo nombre no recuerdo en la que sólo ponían canciones de Eurovisión. Un lugar en el que no suena otra cosa que no haya pasado por el festival. Pusieron Dime de Beth, Europe's living a celebration de Rosa de España y Que me quiten lo bailao de no sé quién, porque no tengo ni idea de quién lo cantaba. Antes de eso hicimos botellón en el McDonald's primero con gran sigilo y después sin vergüenza. Acabamos dando las gracias a un camarero por dejarnos beber.
El hombre millonario que daba miedísimo.
Una vez fuera de la discoteca, conocimos a un hombre que daba muchísimo pánico y que nos dio su tarjeta de visita. Pues ese hombre es decano de una facultad de arquitectura, vive en un piso enorme de lujo e inventamos nuestras personalidades.
Yo me llamaba Federico Trillo y era de Uruguay. Supimos de su riqueza y posesiones inmobiliarias gracias a los suecos que nos contaron que es un conocido de la noche de Estocolmo. Aquí una imagen de ese hombre petardo.
Emil me contó que si me eligen para hacer el máster en Lund, me darán clase sus compañeros. Él está haciendo la tesis doctoral sobre la censura en Rusia, y vive entre Estocolmo y Lund. Ya da clases en la universidad, y ha estado un mes en Rusia investigando sobre su trabajo y preguntando a la gente. Emil y Love son la mejor pareja que he conocido en mi vida. Quiero sacar un 90 en el TOEFL y largarme a Malmo para hacer el Máster en Estudios Asiáticos. ES NECESARIO. En España no hay futuro. Ninguno.
Seguro que en ese viaje pasaron muchas más cosas divertidísimas, pero no me acuerdo ya que ha pasado un mes desde entonces. Me arrepiento de no haber actualizado el blog en su momento, pero vivo tantas emociones y momentos divertidos que apenas tengo tiempo para entrar aquí. Lo siento, amigos míos.
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En las semanas posteriores a Estocolmo me dediqué a pensar en mi vuelta a España el próximo 1 de abril con motivo de la Semana Santa. Pensé que me quedaría todo el mes en Tampere pero la cosa cambió cuando vimos un vuelo a Kaunas por 33 euros. ¿A quién no le va a gustar ir a Lituania? A nosotros nos encantó la idea y decidimos que había que ir. Así que el viernes pasado (día 23) cogimos un vuelo Tampere-Kaunas y allí nos plantamos en unos 45 minutillos de nada. Llegamos alrededor de las once de la noche, y a las 00.15 nos esperaba un hombre para llevarnos en furgoneta desde el aeropuerto de Kaunas a la capital, Vilnius.
En el trayecto descubrimos unas bolsas para vomitar y decidimos fundar una nueva religión cuya vestimenta se basa en poner una bolsa de plástico sobre la cabeza. La crónica del viaje a Lituania en unos días...