martes, 27 de noviembre de 2012

Tambores de Hellín.


Los que me conocéis sabéis que si hay algo en el mundo de lo que nunca me canso de hablar es de Hellín. Siempre digo que es lo mejor (aunque no me lo crea ni yo) y no sé por qué cuando estoy fuera de España me sale la vena más castiza intentando explicar a mis nuevos amigos guiris de dónde vengo y qué se hace allí.

Es por eso que siempre hablo de la tamborada de Hellín y de las tradiciones de mi pueblo. No llego a entender el por qué de mi pasión por este tema, cuando la verdad es que paso bastante de Hellín. Sólo me gusta porque está mi familia y los amigos que quedan allí, ya que en realidad el sitio donde mejor estoy -fuera de mi casa familiar, quiero decir- es en Madrid. No echo de menos andar por las calles de Hellín, pero si por las de Malasaña, pero echo de menos a mi familia, que está en Hellín. Aunque parte de mi familia está en Madrid, Valencia, Italia, etcétera., donde están mis amigos.

Bueno, al margen de ñoñerías y sentimentalismos varios, ¿por qué hablo de repente de esto? Porque la semana pasada, en mi barrio de Seúl, Hongdae, me encontré con un grupo de personas tocando instrumentos y se me iluminó la cara al ver que podía tocar el tambor.






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Yo muy feliz tocando a mi manera el racataplá.

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Momentos antes de mi actuación estelar.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Bienvenidos a Seúl.

He empezado a escribir en el nuevo blog, "Go, Diego, go!", que tenía pensado comenzar en mi nueva vida en Corea y me he dado cuenta de que le tengo demasiado cariño a "Mis hazañas por el mundo", porque aquí están (casi) todas las historias que he vivido en Finlandia, con permiso de las que han quedado sólo para mí (o para nosotros) además de alguna aventura en suelo patrio. Aquí hay demasiadas cosas que no quiero dejar atrás, así que es en este mismo blog donde voy a seguir, aunque el diseño haya cambiado adaptándose a los nuevos tiempos en Seúl. Sí, la foto que ha elegido mi querido amigo Chrístopher para ilustrar el blog tiene más años que Carracuca, pero así es la vida.

Llegué a la capital de Corea del Sur el 1 de agosto, semanas antes de que la Orientation Week de Korea University empezara. Hoy es 16 de noviembre, así que son 3 meses y 16 días en este país. Y parece que fue ayer, sí. Como son muchas las hazañas que este caballero andante ha protagonizado en estos meses, no voy a ponerme a contar ahora lo que pasó la primera semana de septiembre o la segunda de octubre. Primero, porque no me acuerdo. Segundo, porque mañana pasará algo que será más reciente y podré contar de mejor gana. Así que, para comenzar con esta nueva etapa bloguera desde Corea del Sur, me voy a limitar a enumerar las cosas que más me han llamado la atención de este país hasta la fecha.

1***El maravilloso mundo del K-Pop.

Antes de venir a este país, quizás había escuchado ¿una canción? de este peculiar movimiento musical. Una vez aquí, es imposible escapar. Caminas por la calle y te encuentras con que la mitad de las tiendas usan altavoces para atraer clientes. De esos altavoces sólo salen este tipo de sonidos y no precisamente con un volumen que invite a entrar al establecimiento. A mí, al menos, el único deseo que me despierta es el de huir despavorido, cosa difícil cuando hay cien personas por metro cuadrado y has de caminar a una velocidad de tres centímetros por segundo.

2NE1, Big Bang, Infinite o Girls Generation son algunos de los grupos más conocidos. Las letras de las canciones no tienen ningún sentido (una de ellas dice algo así como Soy taaaan fea y nadie me quiere querer, quier ser guapa, quiero ser guapa, no me mientas a la cara, porque sé que soy fea) pero están cargadas de sentimiento dramático coreano. Al final acabas cayendo en la tentación del K-Pop como víctima de una campaña de brainwashing y de exposición continua a sus estribillos.

He de reconocer que ya tengo mis canciones favoritas. Vale la pena ver los vídeos para conseguir una experiencia ultrasensorial, si tenéis la suerte de no sufrir un ataque de epilepsia.


G-Dragon, líder de Big Bang.


T-ARA, petardeo a tope.


Si vienes a Corea... no te pierdas las actuaciones de grupos de chicos homosexuales en el club Pulse a las siete y media de la mañana. Cada uno de ellos se convierte en una de las componentes de las girl-bands de K-Pop y bailan las coreografías paso a paso mientras suena la música. La primera vez que fui testigo del espectáculo estuve media hora con la boca abierta.

Valoración de la experiencia: 50% pánico, 50% risa.

2***Los ancianos coreanos.

Mientras que en España los ancianos se dedican a jugar a la petanca, mirar cómo trabajan los obreros hace algunos años (¡qué tiempos aquéllos cuando se construía en España!), tomar el fresco o quedar para andar, en Corea los más mayores siguen trabajando aunque caminen doblados o no puedan más con sus vidas. Lo cierto es que no sé los motivos (he buscado infructuosamente en Google) por los que esta generación no se retira y disfruta de sus últimos años sin pasar frío en la calle vendiendo fritanga o barriendo las aceras. Mi nueva amiga coreana Kay, que vivió en Barcelona el año pasado y habla español perfectamente, me dice que "sí que tienen pensión, pero no es mucho dinero, y en los trabajos en los que estaban empleados antes no les pagaban bien, además muchos hijos no se preocupan por ellos".

Pero al margen de esto, quiero mencionar una especie única en el mundo que sólo habita en este país: las ajumas. Todas son iguales, llevan la permanente (aquí nadie tiene el pelo rizado) y muchas veces usan viseras y ropas con estampados ochenteros. Son todas unas modernas. Muchas de ellas están solas en el metro, sentadas en los bloques de tres asientos reservados sólo para ellos, y lucen tristes, con la mirada perdida. La otra opción es encontrarlas en grupo hablando a gritos. Sin enterarte de nada de lo que dicen sabes que están cotilleando a tope.


Ajumas descansando tras correr para evitar que alguien se siente en el banco.


Ajumas descansando tras escalar una pared para evitar que alguien se sentara ahí.


Los asientos reservados para este segmento de la población son un tesoro intocable para los menores de 50 años. Los primeros días, en mis largos viajes entre Ilsan y Seúl (quién me iba a decir que volvería a recorrer la misma distancia cada semana...) me sentaba ahí cuando estaba todo lleno y no había ancianos sin asiento. Sin embargo, sus miradas desafiantes te invitan a levantarte incluso cuando el asiento seguirá vacío después de tu marcha.

Según leo en algunos blogs, siguiendo los preceptos del Confucianismo, los jóvenes no tienen derecho a poner en cuestión el comportamiento de estos ancianos. Debe ser ese el motivo por el que no les importa golpearte en el metro, aunque estés esperando en fila para entrar, con una fuerza animal, corriendo para sentarse antes que tú porque saben que jamás te quejarás. Así está el patio.

Si vienes a Corea... no te olvides de parar en uno de los puestecillos callejeros en los que las ajumas cocinan gambas rebozadas, rollitos de tallarines, calabaza, huevos cocidos y pastel de arroz. Viaja en el metro y experimenta la lucha libre coreana con sus codazos y puñetazos.


Valoración de la experiencia: Comida callejera: 100% grasas saturadas. Golpes en el metro: después de la primera vez, huirás ante la presencia de esta especie humana.


3***En Corea todo el mundo tiene un año de más.

Cuando llegué me llamó la atención que todo el mundo me preguntaba (además de si tengo novia) por la edad, remarcando tras mi respuesta si era en edad coreana u occidental. Los coreanos empiezan a contar los años en el momento en que naces. Así, en España un recién nacido tiene 0 años, al día siguiente tendrá 1 día y más tarde 2 meses y medio. Aquí no. Todos los bebés nacen con un año. Así, los nacidos el 16 de noviembre de 2011 en Corea cumplen hoy dos años, mientras que los españoles celebran su primer año de vida.



Todo esto era una excusa para poner la foto de un bebé coreano monis.


4***Pasión por el arroz.

Antes de pisar terreno coreano, ya sabía que venía a Asia y que el arroz es parte imprescindible de su dieta. Lo que no sabía es que no habría un solo día en el que no lo comiera. Puedo asegurar que, de una manera o de otra, mi cuerpo ha recibido el almidón, el gluten y demás sustancias de este cereal a diario.

La cocina coreana está basada principalmente en el uso del arroz: del bibimbap al kimbap, del desayuno a la cena. Según leo en Food Storyist, en realidad el consumo está decayendo en Corea, por lo que el Gobierno ha decidido desarrollar una serie de medidas para volver a incrementarlo, apoyando a las empresas para desarrollar nuevos productos basados en el arroz para satisfacer necesidades occidentales: tarta de queso con arroz, rice pancakes, pan de arroz, rice noodles, etc.


No estoy autorizado a criticar la rice cheesecake teniendo en cuenta que en España comemos arroz con leche.

Si vienes a Corea... hínchate a arroz en todas sus variadas y diversas formas.

Valoración de la experiencia: Muy barato.


5***El sistema educativo coreano.

Bueno, esto merece una entrada aparte que vendrá en el futuro. Por lo pronto, puedo decir que tras un año en Finlandia con (como mucho) dos clases a la semana y una ausencia absoluta de exámenes y memorización, llegar a Seúl supone conocer el modelo opuesto. Quizás al final es una experiencia interesante y todo, pero tengo claro que yo no podría estudiar 5 años de carrera a este ritmo. Miles de ensayos, presentaciones, quizzes y demás historias a las que hay que añadir exámenes y clases de 10 de la mañana a 18.15 sin parar. Un sistema basado en memorizar, memorizar y memorizar y meter presión a unos estudiantes que no se mantienen en pie y se quedan dormidos en mitad de las clases. ¿Es este un buen modelo educativo, en serio?

En este tumblr, Asians sleeping in the library, podéis ver los efectos de trabajar 24 horas al día.

Si vienes a Corea a estudiar: ojalá tengas más suerte que yo y no tengas que matricularte en 6 asignaturas cuando sólo necesitas 1 para graduarte. Tu cuerpo y mente te lo agradecerán.

Valoración de la experiencia: 100% una y no más, Santo Tomás.



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Hay muchas más cosas que me han llamado la atención, to be honest, pero tampoco quiero aburrir en esta primera entrega. Espero coger de nuevo el ritmo porque, además de para compartir mis vivencias, esto me sirve para recordar y no olvidar todos los momentos que estoy viviendo, como ocurre ahora cuando quiero revivir mis noches locas en Finlandia o nuestros viajes a la periferia europea.


COSAS QUE HE VISTO, COMIDO O VIVIDO EN LAS ÚLTIMAS DOS SEMANAS





Chris asustado tras pedir un plato de tallarines y encontrarse con un sopón para 100 personas.


Cuando Mora y yo compramos esta pizza no esperábamos que los bordes,
que parecían rellenos de carne picada y queso fundido, fueran a estar en realidad
repletos de pasta de judía roja y mayonesa-leche-cosa-extraña-y-desagradable que casi nos hizo vomitar.


Alberto, al que echo muchísimo de menos, me ayudó con papeleos imposibles y me sorprendió
con decenas de fotos, una carta y una ficha de mi amada-odiada UCM.


Comí ensalada. (Sí, esto es un ACONTECIMIENTO).


Han decidido hacer un musical de Don Quijote de La Mancha en Seúl, 
llamado Man of La Mancha. Es sólo en coreano, así que no vamos a ir.


Rachna celebró su cumpleaños en Ilsan. La temática era Freaks and Geeks
en homenaje a la serie de TV. Yo fui un geek, como no podía ser de otra manera.


Gaby (Siouxsie por una noche) y yo, en la fiesta.


Hannah probándose estampados sevillanos.


María descubre el apasionante mundo de los juegos de mesa coreanos.


Mora divirtiéndose con su ordenador.


Chris y yo creyéndonos famosos en Myeong-dong.


Mi pasión por el retoque fotográfico y posterior conversión en cover photo.


Mora y yo el sábado pasado. 
A la mañana siguiente tenía que estar a las 10 en la universidad. 
Imaginad mi careto.